El dolor como casi todos sabemos cumple una función biológica de adaptación, si por ejemplo nos pinchamos el dolor actúa avisándonos como una señal de alarma cuando se produce un daño en el organismo, lo mismo pasa cuando comemos algo que nos sienta mal y nos da "dolor de tripas", esto es lo que se conoce como el dolor agudo y nos avisa de que hay un problema, y normalmente cuando se soluciona el problema, remite el dolor, si dejamos de pincharnos con la aguja, ya no nos duele...
En cambio, hay otro dolor, un dolor que no cumple ya esta misión de alarma, un dolor que se perpetua en el tiempo, o del que no conocemos a ciencia cierta la causa orgánica como ocurre por ejemplo en la fibromialgia, o aún conociendo su causa orgánica es un dolor difícil de tratar como en la artritis, el reuma, el dolor de espalda, incluso el dolor que sienten los pacientes oncológicos, o bien dolores recurrentes como las migrañas, todos estos (que por otro lado son la mayoría... ¿quién no conoce a alguien que padezca o haya padecido alguna de estas dolencias?) serian ejemplos de dolor crónico, en estos casos ya no nos sirve biologícamente hablando, ahora el dolor ya no nos es de ninguna utilidad, ahora el dolor es el problema.
¿Se imagina usted levantarse todos los días de su vida o nueve de cada diez días de su vida con dolor? es imposible que esto no afecte a la persona más allá del dolor físico, las consecuencias de este hecho son muchas y muy variadas, las personas con dolor crónico suelen adoptar lo que los psicólogos conocemos como conductas del dolor, estas personas verán disminuida su actividad física, social y laboral, y esto a su vez favorecerá la cronificación del problema.
Esto a su vez afectará a la estabilidad emocional, ya que es normal sentir ira, ansiedad ante la situación o incluso depresión, y estas emociones afectarán a su vez en el dolor, creando un peligroso circulo vicioso de malestar.
Teniendo este panorama, ¿qué otra cosa podríamos hacer más que, una vez que no hay solución médica ni farmacológica posible, afrontar con otros medios el dolor?
¿ Cómo puede un psicólogo ayudarme a enfrentar esta situación?
Evidentemente no va a ser una solución directa al dolor, la terapia no pretende actuar como un analgésico, lo que el psicólogo va a hacer es que el paciente aprenda a convivir con ese dolor crónico que padece, y esta os puedo asegurar es una terapia altamente, muy altamente efectiva, que les ayuda a vivir una vida mejor y más plena que al fin y al cabo es lo que la mayoría queremos.
En principio en esta terapia se hace uso de: 1) las técnicas de relajación, todos sabemos que si estamos tranquilos y relajados el dolor y el sufrimiento siempre es menor (tiene su explicación neuropsicológica pero para eso ya escribiré otro post dedicado a la neuropsicología del dolor que sino luego me dicen que los post son muy largos :P ), 2) también se trabajarán las emociones como ya he comentado más arriba el dolor y las emociones a veces llegan a crear un circulo vicioso del que es dificil salir sin ayuda de un profesional cuando el dolor es tanto y tan largo, 3) la actividad física, el dolor nos lleva en la mayoría de las ocasiones al sedentarísmo y este no hace más que empeorar nuevamente la situación, 4) los pensamientos y como nos afectan, si esto falta en una terapia cognitiva conductual "ni es terapia ni es na", ya sabemos la cadena, pensamientos llevan a emociones que nos llevan a conductas, así pues, hay que empezar por cambiar los pensamientos y las cosas que nos decimos a nosotros mismos.
Así a grosso modo este sería un poco el proceso de ayuda, lo he visto y lo he comprobado con mis propios ojos, la mejoría es evidente, sobretodo para los pacientes, incluso una paciente nos llego a decir en la consulta que "era como volver a la vida, porque lo que yo tenía antes no era vida".
Cosas como esta me hacen cada día amar más la psicología.
Miles de neuronas
Soy Vanesa Salas y presto mis servicios como psicóloga general sanitaria en Avda. Cesáreo Alierta, máster en neuropsicología con número de colegiado A-2301, soy una apasionada de la psicología, me gustan las personas y me gusta trabajar con ellas y ayudarles a sacar lo mejor de ellas mismas y que puedan disfrutar al máximo de sus vidas. Si quieres puedes ponerte en contacto conmigo en vansalas@gmail.com y recuerda, cuida tu presente, porque vivirás en él, el resto de tu vida.
jueves, 22 de enero de 2015
martes, 23 de septiembre de 2014
Mindfulness, la atención plena.
En contra de lo que muchos nos están intentando hacer creer, no tienes que ser un yogui o ser budista para practicar la atención plena, si es verdad, que el mindfulness está basado en una antigua práctica budista de hecho proviene de la meditación vipassana pero no es una meditación vipassana per se, también incluye prácticas de la meditación Zen por ejemplo.
El mindfulness se encuadra dentro de las llamadas terapias de tercera generación (TTG) un tipo de terapias que se caracterizan por adoptar una perspectiva más experiencial, intentando mejorar la relación del paciente con su propia vivencia interna de forma que esta sea más flexible, y mejorar así su situación en lugar de enfocar la terapia en la solución de problemas como se ha venido haciendo de forma más clásica en la terapia cognitivo-conductual, en esta se trataría más de aceptar que de modificar o eliminar, como venía ocurriendo en esta última.
Uno de los principios en los que se basa la atención plena además de la aceptación es el hecho de no enjuiciar todo lo que nos pasa, normalmente evaluamos todo ya sean sensaciones, cogniciones o emociones, esto que me pasa es bueno o malo, me gusta o no me gusta, está mal o está bien, lo que pretendemos con el mindfulness es cambiar las relaciones que las personas mantenemos con nuestros pensamientos o emociones, de forma que simplemente dejemos de juzgar y etiquetar la emoción por que al juzgarla reaccionamos de forma mecánica a esta etiqueta que hemos puesto. Normalmente, cada vez que juzgamos una experiencia esto nos provoca una emoción, esta emoción traerá asociado un sentimiento de forma que lo que pensamos nos hace sentir de una manera u otra, por ejemplo si tienes que hacer una presentación en el trabajo y piensas que te no te saldrá como quieres seguramente te sentirás inseguro, triste, intranquilo, apesadumbrado...¡y aún ni siquiera ha pasado! pero las emociones ya están ahí, tu ya lo has pensado y zas, automáticamente ahí están las emociones negativas haciendo acto de presencia, esto es lo que el mindfulness quiere ayudarte a ver, si no juzgas, sino que simplemente vives la experiencia en sí misma, la visión sobre ti mismo, sobre el mundo que te rodea, cambia, aprendes a vivir las cosas que te ocurren viéndolas con perspectiva, como fuera de ti mismo, como un simple observador que no juzga, aceptando lo que somos y lo que nos ocurre. Con el mindfulness eres tu de forma intencional el que elige en que concentrarse de forma que seas tu el que domine tus pensamientos y no ellos a ti, eres tu de forma activa el que elige en que implicarse.
De todas formas es muy difícil hacer ver esto en un simple texto, la única forma de poder ver y comprender como actúa el mindfulness es la práctica repetida, no hay otra forma de ver como puede transformar nuestra relación con el miedo o la ansiedad, mediante la práctica aprendemos a centrar la atención donde queremos evitando que los pensamientos nos aparten del momento presente.
El mindfulness se encuadra dentro de las llamadas terapias de tercera generación (TTG) un tipo de terapias que se caracterizan por adoptar una perspectiva más experiencial, intentando mejorar la relación del paciente con su propia vivencia interna de forma que esta sea más flexible, y mejorar así su situación en lugar de enfocar la terapia en la solución de problemas como se ha venido haciendo de forma más clásica en la terapia cognitivo-conductual, en esta se trataría más de aceptar que de modificar o eliminar, como venía ocurriendo en esta última.
Uno de los principios en los que se basa la atención plena además de la aceptación es el hecho de no enjuiciar todo lo que nos pasa, normalmente evaluamos todo ya sean sensaciones, cogniciones o emociones, esto que me pasa es bueno o malo, me gusta o no me gusta, está mal o está bien, lo que pretendemos con el mindfulness es cambiar las relaciones que las personas mantenemos con nuestros pensamientos o emociones, de forma que simplemente dejemos de juzgar y etiquetar la emoción por que al juzgarla reaccionamos de forma mecánica a esta etiqueta que hemos puesto. Normalmente, cada vez que juzgamos una experiencia esto nos provoca una emoción, esta emoción traerá asociado un sentimiento de forma que lo que pensamos nos hace sentir de una manera u otra, por ejemplo si tienes que hacer una presentación en el trabajo y piensas que te no te saldrá como quieres seguramente te sentirás inseguro, triste, intranquilo, apesadumbrado...¡y aún ni siquiera ha pasado! pero las emociones ya están ahí, tu ya lo has pensado y zas, automáticamente ahí están las emociones negativas haciendo acto de presencia, esto es lo que el mindfulness quiere ayudarte a ver, si no juzgas, sino que simplemente vives la experiencia en sí misma, la visión sobre ti mismo, sobre el mundo que te rodea, cambia, aprendes a vivir las cosas que te ocurren viéndolas con perspectiva, como fuera de ti mismo, como un simple observador que no juzga, aceptando lo que somos y lo que nos ocurre. Con el mindfulness eres tu de forma intencional el que elige en que concentrarse de forma que seas tu el que domine tus pensamientos y no ellos a ti, eres tu de forma activa el que elige en que implicarse.
De todas formas es muy difícil hacer ver esto en un simple texto, la única forma de poder ver y comprender como actúa el mindfulness es la práctica repetida, no hay otra forma de ver como puede transformar nuestra relación con el miedo o la ansiedad, mediante la práctica aprendemos a centrar la atención donde queremos evitando que los pensamientos nos aparten del momento presente.
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